El mundo microscópico es sorprendente, y si tuviese que elegir sin duda me quedaría con el curioso e interesante campo de la virología.

Existiendo más virus que galaxias, estos seres microscópicos (considérense vivos o inertes) se han ganado el interés de miles de investigadores y nos revelan cada día más información acerca de lo que podría ser el origen de la vida y el universo.

En la última década, se han revelado asombrosas peculiaridades de estos parásitos obligados. Más de un 8% de nuestro genoma es ADN vírico, que proviene de una infección que ocurrió a nuestros ancestros hace millones de años.

El virus en el ADN humano que nos mantiene con vida

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Un nuevo estudio dirigido por genetistas de la Universidad de Utah, Health Sciences, ha identificado que más de la mitad de los genes en dicho ADN vírico, están relacionados con el inicio de la respuesta de nuestro sistema inmune, es decir, con la activación de nuestras defensas.

Publicado en la revista Science, el estudio muestra como los fragmentos de ADN viral en nuestro genoma regulan genes que están integrando nuestros componentes del sistema inmune, y como removiendo estos genes carecemos de la defensa adecuada para combatir las infecciones y procesos celulares que ponen en juego la vida de nuestras células.

Nuestro sistema inmune comprende un conjunto de elementos que permitirán disparar las ‘alarmas celulares’, establecer una serie de señales que serán integradas, y acabarán con la elaboración de una respuesta totalmente coordinada.

Contrastando el inmenso banco de información genética humana, los investigadores encontraron que los retrovirus endógenos respondían ampliamente al interferón, una molécula involucrada en la respuesta inmune. Sin embargo, ya que estos retrovirus aterrizaron en nuestro genoma hace millones de años, perdieron la habilidad para producir partículas infecciosas.

Analizando el estudio del virus en el ADN humano

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Para comprobar si estas piezas de ADN vírico eran realmente importantes en la respuesta inmune, los investigadores usaron la novedosa técnica de edición genética CRISPR/Cas9, de forma que pudieran remover de forma precisa las secuencias víricas en nuestro ADN.

En las células mutantes que carecían de estas secuencias víricas, se encontró fallos en la respuesta y activación del interferón, y una gran vulnerabilidad a la infección de otros virus.

Viviendo con nuestro peor enemigo

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Es totalmente una paradoja que en la actualidad, la amenaza vírica conforma un gran problema a la sanidad mundial, al mismo tiempo que forma parte de nosotros y nos mantiene vivos. Este estudio, es una pieza más del caótico puzzle del origen de la vida en la tierra.