La relación del niño con el pediatra comienza prácticamente desde sus primeros días de vida hasta la adolescencia.

Hasta hace unos años la edad que marcaba el momento en el que un chico debía dejar de ser atendido por el pediatra, para hacerlo por un “médico de adultos”, eran los 14 años. Si bien esta realidad variaba de una provincia a otra incluso de un hospital a otro o de si se trataba de atención primaria o bien hospitalaria. La mayoría ponía el límite en los 14, pero otros pediatras asistían a chicos de hasta 15 años y algunos incluso hasta los 18.

En el caso de los centros privados este asunto depende en gran medida de las pólizas de seguros y de lo que cada una considere edad pediátrica. Por lo general el tope está en 14, 16 o 18 años. Si bien la mayoría opta por alargar este periodo hasta los 18.

Si bien, en 2013 el Ministerio de Sanidad elevaba la edad pediátrica hasta los 18 años, respondiendo con esta medida a la demanda de profesionales, asociaciones y padres de niños con enfermedades graves, crónicas o de larga duración.

Este cambio en la normativa permite a los menores permanecer hospitalizados en unidades pediátricas hasta los 18 años, y no hasta los 14 como ocurría hasta la fecha.