A estas alturas, todos tenemos más o menos claro qué clase de hábitos tenemos que cambiar para lograr un peso adecuado, cuáles son las premisas de una dieta equilibrada y cuáles son los alimentos que más y menos engordan.

Pero seguro que te va a sorprender descubrir que algunas rutinas cotidianas, esas que realizas sin darte cuenta y que no relacionas ni con la dieta, ni con el peso, ni siquiera con la salud, están muy relacionadas con el éxito o fracaso de un plan de adelgazamiento, o con la dificultad para mantenerte en tu peso.

Malos hábitos

  • Comer deprisa.

El cerebro necesita un tiempo para procesar la información que nuestro estómago le manda y darse cuenta de que ha comido suficiente. Si comes muy deprisa, además de ingerir más aire, que hará que sufras distensión abdominal y hagas peor la digestión, para cuando sientas sensación de saciedad, sin duda habrás ingerido más calorías de las que debías.

  • Comer viendo la televisión o trabajando ante el ordenador.

Si tu cerebro está distraído no reconoce lo que estás comiendo, y por tanto la sensación de saciedad no llega. Según un estudio realizado por la Universidad de Birminghan en el Reino Unido, el grupo de personas que fueron observadas durante sus comidas, y que lo hacían ante la televisión o ante un ordenador, comían más cantidad de alimentos, y tenían hambre en menos tiempo, porque no eran conscientes realmente de lo que habían ingerido.

 

  • Comer caminando.

Sigue la misma premisa que el punto anterior. El cerebro no está pendiente de lo que te llevas a la boca, porque tiene que trabajar en tu equilibrio, en tu visión, en tu seguridad (para evitar que tropieces o que te manches) y eso evita que se registre la cantidad que llevas consumida y que no sientas saciedad o tardes más en sentirla.

  • El enamoramiento.

Lo sentimos, el amor engorda.  ;)  O al menos no ayuda a estar a dieta. Según varios expertos de la Universidad de Queensland en Australia, estar en pareja, en los primeros momentos, hace que relajes tus exigencias ante la comida, porque “ya” has encontrado pareja, y copies sus hábitos aunque no sean demasiado sanos. Además crearás rutinas para estar juntos en torno a una mesa, un sofá o una cama. Para evitar esto podríais salir juntos a practicar running o convencer a tu pareja de las beldades de una dieta frutariana (aunque eso es más difícil). Pero no te preocupes, en un tiempo volverás a la normalidad y volverás a cuidarte, porque al final, a quien queremos y debemos gustar en primer lugar es a uno mismo. ¿No te parece?

  • El ayuno prolongado.

En AXA Health Keeper te hemos hablado en más de una ocasión sobre este error tan habitual. Si te saltas una comida, porque crees que si ingieres menos alimentos adelgazarás seguro, te estás equivocando. Al no recibir alimento, tu cuerpo se vuelve ahorrador. Eso significa que gastará menos energía para tus funciones vitales. Además se produce un aumento en la producción de insulina, para que las células no se queden sin glucosa, y esto, unido a que tienes el estómago vacío produce una sensación intensa de hambre. Por todo ello, es más que probable, que tu cuerpo te pida ingerir más cantidad en la siguiente comida que hagas, y tu cuerpo aproveche hasta el último nutriente, porque deberá ahorrar, ante la “amenaza” de un nuevo ayuno prolongado.

¿Cómo solucionarlo?

No es la primera vez que oyes consejos para conseguir una dieta saludable.

Recuerda por tanto que:

  • Es importante que comas sentado, tranquilo y sin distracciones.
  • Debes comer al menos cinco veces al día.
  • El desayuno es la comida más importante del día.
  • La cena debe ser ligera pero no inexistente.
  • Cuidarse en pareja es más fácil y los resultados se ven más.
  • Somos lo que comemos.
  • Es más sencillo bajar dos kilos, que decidir cuidarte cuando te sobran 20. Pero nunca es tarde si la dicha es buena.