PSICÓLOGOS y PSICOTERAPEUTAS EN CANCÚN

Psicologos en merida es un portal que brinda los teléfonos de especialistas psicologos y psicoterapeutas en la zona de Merida Yucatán.La Psicología explora conceptos como la percepción, la atención, la motivación, la emoción, el funcionamiento del cerebro, la inteligencia, la personalidad, las relaciones personales, la consciencia y el inconsciente. La Psicología emplea métodos empíricos cuantitativos de investigación para analizar el comportamiento. También podemos encontrar, especialmente en el ámbito clínico o de consultoría, otro tipo de métodos no cuantitativos.

 

 

psicologo-reynaldoPsicologo y Psicoterapeuta Reynaldo Urzúa Echeverria.

Codependencia
Adicciones
Alcoholismo
Autoestima

A través del proceso Psicoterapeutico podemos convertir el dolor en crecimiento personal. 

Teléfonos:

9981 58 50 48 Cancún

rey@cancun.com.mx
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medicosencancunDra. Alicia Pilar Acosta Juárez
Psicologa

Prevención de enfermedades mentales
Neurosis de ansiedad
Adicciones, Fatiga Crónica, Epilepsia
Alteraciones neurologicas, Alcoholismo

Plaza del Sur , Residencial Las Americas
Av. Kabah , Smza 57 , Mza 23 Local 16

Tel.(998)889 9833

 

 

 

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DP Gaudem

Desarrollo Psicológico
Emocional – Conducta Aprendizaje – Niños
Adolescentes – Adultos

Región 92 Mza 53 No. 220 Calle 79 Nte. Esquina calle 30

Tel.(998)840-19-79
Cel. 044 998 130 2758

 

 

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Dr.Carmen D. Guerrero Barrera
Psicologa

Psicoterapia Especializada para pacientes con Cáncer y familiares
Enfermedades crónico degenerativas
Psicoterapia integral para jóvenes y adultos
Hospital Americano

Retorno Viento No.15 Smza 4

Tel.(998)884 6670
Cel.044 998 215 9043

 

¿Qué es la psicología?

¿Qué es la psicología?

Probablemente estas sean de las frases que más he escuchado a las personas en general, en sus distintas variables.  Vayamos por partes. Estas afirmaciones  están dando por supuesto que las personas que van al psicólogo están “locas”. Para empezar, ¿alguien me puede explicar qué significa exactamente “estar loco”? Nunca oirás a un psicólogo usar la palabra “loco”, por lo menos dentro de un contexto serio. Esto es por dos razones básicamente: la primera es que “loco” es una palabra extremadamente imprecisa y desfasada, llegando a tener, según la RAE, diez acepciones diferentes (sin incluir locuciones adverbiales o expresiones coloquiales), y además es bastante despectiva en general, con lo cual no parece muy adecuado usar este concepto en un ámbito científico; y la segunda razón es que, incluso suponiendo que todos entendamos lo mismo al decir “loco”, digamos una persona con algún trastorno mental grave, cabe decir que los psicólogos no se ocupan únicamente de las personas con trastornos mentales o que tengan conductas inapropiadas o desadaptativas, sino que les interesa toda la conducta en general.

Con relación a este último punto cabría hablar de las diferentes ramas de la psicología o los diferentes ámbitos en los que puede trabajar un psicólogo, viendo así que efectivamente un psicólogo no sólo se ocupa de enfermedades mentales o de conductas anormales.

Ahora, si nos centramos en el psicólogo clínico, al que sí le interesan los trastornos mentales de todo tipo o las conductas anormales, la palabra “loco” tampoco es útil para nada. ¿Llamaríais loco a alguien con depresión o con ansiedad? No lo creo, puesto que todo el mundo antes o después en su vida ha estado deprimido o ha tenido ansiedad ante alguna situación determinada. Por suerte muchas personas son capaces de superar algunos de estos problemas por sí mismas, puede que porque no lleguen a ser muy importantes o porque hayan aprendido las herramientas necesarias para salir de ello. ¿Entonces todas las personas que se hayan sentido deprimidas o con ansiedad, por decir algo, significa que han tenido un trastorno mental? Evidentemente no. La diferencia está en que es fundamental que ese problema te invalide o te impida llevar una vida satisfactoria, y si no es así, sencillamente no hay ningún problema que resolver.

Para hacernos una idea de lo comunes que pueden llegar a ser los trastornos mentales, podemos echar un vistazo a los datos de prevalencia de éstos según Campo-Arias y Cassiani (2008). Se estima que el 32,7% de las personas sufrirá algún trastorno mental a lo largo de su vida y hasta un 25% se dará en los últimos 12 meses. En una muestra representativa de seis países europeos se encontró una prevalencia de vida para cualquier trastorno mental del 25% también. Los datos de una encuesta mundial de salud mental indican que el riesgo de padecer cualquier trastorno mental puede llegar al 26,4%. Estos datos están diciendo que entre 2 y 3 personas de 10 sufrirán o sufren un trastorno mental. Los datos pueden variar bastante dependiendo del lugar también, por ejemplo, en unos estudios en Latinoamérica se informó de que la prevalencia de los trastornos mentales a lo largo de la vida es del 45,9%. Es decir, que según esos datos casi la mitad de la población puede sufrir un trastorno mental a lo largo de su vida. Esto nos dice que los trastornos mentales son algo relativamente habitual.

Muchas personas cuando dicen “loco” o escuchan aquello de “trastorno mental”, piensan inmediatamente en personas psicóticas, con esquizofrenia o incluso en personas peligrosas e inestables. Esto no es así para nada. Primero, las personas con trastornos mentales no son más peligrosas que las personas sin ningún trastorno mental. El porcentaje de personas violentas sin trastornos mentales es exactamente el mismo que el de personas violentas con trastornos mentales, es decir, que el trastorno no influye nada en ese sentido, salvo algunas excepciones muy concretas. Y segundo, los trastornos mentales abarcan una gran variedad de problemas, y muchos con los que más de uno se sentirá identificado en mayor o menor medida, por ejemplo: tics, depresión, ansiedad, hipocondría, problemas sexuales, problemas de la conducta alimentaria, trastornos del sueño, fobias, problemas con el juego, tricotilomanía (arrancarse el pelo), morderse las uñas, trastornos obsesivos-compulsivos, etc. Seguro que casi todos conocemos a alguna persona que siempre dice que está enferma o que le pasa algo malo; o personas con tics en los párpados, o que les tiemblan las manos cuando están en la cola del supermercado y la gente está esperando a que termine de pagar. Todos hemos tenido ansiedad cuando hemos ido a algún examen o nos hemos deprimido cuando ha ocurrido algo malo. Todos hemos pasado malas noches sin poder pegar ojo porque algo nos preocupaba, o nos hemos hecho “adictos” a un juego, a una comida, a un programa de televisión durante un tiempo. Casi todo el mundo conocerá a alguien que se muerda las uñas o que se lava mucho las manos o alguien que cada vez que ve una araña, una serpiente o un ratón salta como si tuviera un muelle y huye gritando. Pero esto no significa que tengan un trastorno mental, porque por la razón que sea ese problema no ha ido a más y no se ha convertido en un problema real, no ha interferido en sus vidas. Pero qué pasaría si una personas se muerde las uñas hasta sangrar haciéndose heridas continuamente o tenemos tanta ansiedad ante un examen que directamente no vamos y por tanto suspendemos siempre; o si no podemos dormir un día sí y otro también, hasta que nos altera nuestro rendimiento en el trabajo; o si dejamos de comer o de salir de casa por ver ese programa de televisión que nos encanta; o te lavas las manos tanto y tan agresivamente que dañas la piel de forma permanente; o dejas de ir a algún sitio o de hacer algo por miedo a encontrarte con un ratón por el camino. Entonces puede que sí haya un problema que tratar y es posible que pudiéramos hablar de trastorno mental.

¿Es necesario tener técnicamente un trastorno mental para acudir a un psicólogo? Por supuesto que no. Puedes ir a un psicólogo para que te ayude a dejar de morderte las uñas, o si tienes problemas para dormir continuamente, si te sientes deprimido por alguna razón, o te sientes incapaz de afrontar alguna situación que te produce mucha ansiedad o miedo. Por tanto, las personas que van a un psicólogo es porque tienen un problema, de carácter psicológico evidentemente, que no pueden resolver por sí mismas y necesitan ayuda para conseguirlo, sin más.

¿Psicólogo o Psiquiatra?

¿Psicólogo o Psiquiatra?

Un error que con frecuencia se comete es pensar que psiquiatras y psicólogos son una misma cosa, y que hacen lo mismo. O incluso creer que los psiquiatras y los psicólogos son “doctores”, en el sentido coloquial del término, es decir médicos de la mente. Mucha gente cree que ir al psicólogo es mejor, o que esta mejor visto, o que es menos arriesgado que ir al psiquiatra.

Al psicólogo van las personas sanas que tienen problemas, al psiquiatra los enfermos mentales graves y los “locos”. Craso error. Los psiquiatras y los psicólogos solemos ser espectadores pasivos de esas controversias y errores. La mayor parte de las veces colaboramos y convivimos de forma científicamente amistosa y fructífera. Es verdad que puede haber confusiones la mayor parte de las veces fruto del desconocimiento, pero las controversias y enfrentamientos estériles entre los profesionales son casi siempre fruto de intereses personales o económicos y nada científicos, o de la mala formación recibida. ¿De donde nacen las controversias y errores? Trataremos de explicarlo de la forma más ecuánime posible, a pesar de que el autor de estas líneas sea un psiquiatra.

El principal motivo de confusión es pensar que el psicólogo es algo así como un médico de la mente para gente normal, mientras que el psiquiatra es un médico para “locos”. El viejo estigma de la locura, de la marginación de los enfermos y las enfermedades mentales, la larga sombra de los manicomios, ha hecho que con frecuencia al psiquiatra se le vea como un médico extraño, raro, un poco “loco”, algo parecido a los enfermos que trata.

La enfermedad mental, la locura, genera mucho miedo en las personas y en la sociedad, y ese miedo se generaliza, se expande y se asocia a los enfermos mentales, a sus familias y a los médicos que los tratan. Antiguamente, muchas veces los psiquiatras eran simples médicos generales, aficionados a las cosas de la mente, que se formaban con más voluntad que ciencia. Así pues, parece lógico que se equiparase psiquiatría con locura, aunque en realidad el psiquiatra no es más -ni menos- que un médico, un médico que se ha especializado en las enfermedades y los enfermos de la mente.

Los psiquiatras son por lo tanto médicos especialistas, que tras seis años de carrera, han de pasar por un examen de especialidad (el MIR), y luego cuatro años de formación antes de lograr el título que les capacita para trabajar como tales. Así pues, la formación psiquiátrica es semejante a la de cualquier otra especialidad médica o quirúrgica, y se realiza con los mismos criterios de rigor científico y técnico. Existe incluso una Comisión de la Especialidad que vela por el correcto cumplimiento de los planes formativos y diversas sociedades científicas nacionales e internacionales que la avalan con sus planes de investigación, docencia y difusión de los conocimientos. En síntesis, en la actualidad ser psiquiatra es ser un médico que ostenta una titulación general y una especialización avalada por criterios y regulaciones técnicas y científicas. Ya no hay “aficionados” a la psiquiatría, hoy no se puede ejercer como psiquiatra sin ser especialista en la materia.

Por otra parte, psicólogo es una persona que estudia su disciplina en una facultad de psicología, donde tras cinco años de carrera se licencia con una titulación general no especializada. Es decir el psicólogo no es médico, ni es especialista en psiquiatría. Ahora bien, como ocurre con los médicos, una vez acabada la carrera de psicología, este título les capacita para dedicarse a muchas ramas o especialidades, entre ellas la clínica, es decir la que se ocupa del estudio y abordaje de los problemas psíquicos de las personas, y de las  patologías de los enfermos mentales. No todos los psicólogos tienen formación clínica, ni pueden dedicarse al estudio y tratamiento de las enfermedades mentales, pues de hecho hasta hace relativamente poco tiempo no han existido los planes de formación especializada en clínica para los psicólogos.

En la actualidad, los psicólogos una vez acabados los cinco años de carrera, pueden realizar una formación especializada de tres años de duración, tras superar un examen semejante al de los médicos, el PIR. Esa vía garantiza una formación sólida y rigurosa, que les capacita para enfrentarse con los problemas psíquicos. Sin embargo, y por desgracia, muy pocos psicólogos alcanzan esa formación, dada la escasa tradición y la limitación de plazas para formarse. A nuestro entender, esa capacitación es absolutamente imprescindible para ejercer la psicología clínica, ya que de no hacerse así, es como si cualquier médico no especialista ejerciese la psiquiatría. La psiquiatría es una especialidad, la psicología clínica también, y ambas deberían realizarse con semejantes criterios de exigencia y rigor formativo.

Ahora bien, supongamos que tenemos dos profesionales, el psiquiatra y el psicólogo especializado en clínica. ¿Qué es lo que pueden hacer y hacen cada uno de ellos? ¿A quien debo acudir si tengo una enfermedad o trastorno psíquico? Pues bien, la respuesta es sencilla. ¿A quien acudimos cuando tenemos una gripe o una artrosis?: al médico. Pues si cree que tiene una depresión o una psicosis, a quien tiene que ir a su médico. Las enfermedades mentales son “enfermedades”, no nos cansaremos de repetirlo. Y su médico, el de su equipo de salud primaria, será el que le podrá orientar, el que le enviará a su centro de Salud Mental si lo estima necesario. Como  allí trabajan siempre psiquiatras y psicólogos, ellos serán los que deberán “repartirse” las tareas clínicas necesarias y precisas para hacer el diagnóstico y el tratamiento de su caso.

Habitualmente, los psicólogos realizan tareas de diagnóstico, mediante historias clínicas y tests o pruebas de psicometría, y se ocupan de la psicoterapia cuando es precisa para el tratamiento. Por su parte los psiquiatras realizan el diagnóstico, mediante el uso de la historia clínica y exploraciones o pruebas complementarias, así como los tests o pruebas psicométricas y psicodiagnósticas. Y en cuanto a los tratamientos, los psiquiatras pueden utilizar los psicofármacos, las psicoterapias  y todas las terapéuticas médicas habituales. Los psicólogos, sin embargo no pueden – legalmente – recetar psicofármacos ni ningún tipo de medicamentos.

Visto lo anterior, parece que lo lógico y deseable sería que entre ambos hubiese un alto grado de cooperación en el estudio y tratamiento de los pacientes psíquicos. Sin embargo, por desgracia no siempre es así. Quizá por falta de medios y recursos, por falta de formación, por enfrentamientos personales, o por intereses diversos. Muchas veces los psiquiatras asumen el tratamiento de sus pacientes sin solicitar la ayuda de psicólogos; y muchos psicólogos, sobre todo en el ejercicio privado, hacen lo mismo. En el caso de los psiquiatras el problema no es tan grave. Mas serio puede ser que el psicólogo no solicite la colaboración del médico y prive al enfermo de la ayuda farmacológica absolutamente necesaria para restablecer su salud mental. En resumen, en la actualidad no hay ninguna duda de que los psiquiatras y los psicólogos clínicos son “dos especialistas condenados a entenderse”. Ahora bien a ambos se les deben exigir una formación con criterios científicos y técnicos sólidos, tal como garantiza el sistema español de especialización sanitaria, a través del sistema MIR para los médicos, y del PIR para los psicólogos.