El pez cebra es un diminuto ciprínido muy utilizado en acuarios, pero a la vez es un gran dilema para los científicos. Mediante diversos estudios realizados a lo largo de varios años se ha llegado a la conclusión de que este pez es capaz de regenerar de manera autónoma su corazón.

Para ello se ha amputado hasta el 20% del ventrículo derecho de algunos de ellos. Como consecuencia de ello se vio que los peces nadaban con dificultad los primeros días, pero que unas semanas después estaban totalmente recuperados y con el corazón regenerado por completo.

El primero de los trabajos de investigación, dirigido por Kenneth D. Poss, investigador de la Universidad de Duke (EE UU), pone en manifiesto que la regeneración celular se debe a unas células de miocardio llamadas cardiomiocitos. Estas células se adentran en la zona dañada y se reproducen ayudando a reconstruir el músculo cardíaco. Lo más llamativo, es que estas células no son células madre o células progenitoras, sino una dediferenciación de los cardiomiocitos ya existentes en el corazón previamente.

Todos los estudios que se han realizado desde entonces arrojan esperanza para poder entender la incapacidad de regeneración que tienen los mamíferos y entre ellos, los humanos.

En una de las investigaciones, el equipo de Izpisúa Belmonte (investigador del Instituto Salk de Estudios Biológicos en California (EE UU) y el Centro de Medicina Regenerativa de Barcelona (CMRB)), utilizó células transgénicas y las dotó de un color verde fosforito. De esta manera al producirse la amputación al corazón de los peces, podían ver el desarrollo de los cardiomiocitos. Efectivamente, se comprobó que estas células comenzaron a dividirse para reemplazar las células inexistentes. Una vez reproducidas, volvieron a madurar de nuevo y se transformaron en tejido cardíaco.

En los humanos el proceso es contrario. Antes de llegar a la insuficiencia cardíaca, las células humanas pasan a estado de “hibernación”. Con ello, las células dejan de contraerse y simplemente se dedican a sobrevivir. No son capaces de regenerarse.

Los estudios realizados con los peces cebra abren la ilusión y la confianza de que en un futuro se podrá conseguir que los cardiomiocitos actúen igual en un corazón humano como lo hacen en el pez. Sería un hallazgo de incalculable valor.