Se considera que un paciente tiene insuficiencia cardíaca cuando existe un aumento de la presión venosa en el sistema cardiovascular. Cuando el aumento de la presión venosa se produce en los pulmones, usted notara disnea o dificultad para respirar.

Casi todas las enfermedades del corazón pueden causar insuficiencia cardíaca en algún momento de su evolución. Las enfermedades más frecuentes son la cardiopatía isquémica, sobre todo pacientes que han tenido un infarto de miocárdico y la hipertensión arterial. También las enfermedades de las válvulas cardiacas, las miocardiopatías y algunas arritmias pueden causar síntomas de insuficiencia cardiaca.

Desde el punto de vista clínico, clasificamos la insuficiencia cardíaca como del lado izquierdo, derecho o congestiva. En el primer caso el síntoma predominante es la disnea o dificultad para respirar, en el segundo la aparición de edemas o inflamación, o ambos en la insuficiencia cardíaca congestiva.

En pacientes con enfermedades del corazón que predisponga a la insuficiencia cardíaca, los factores desencadenantes pueden ser higiénicos-dietéticos como el consumo de sal, mal cumplimiento terapéutico farmacológico, mal control de la presión arterial, arritmias cardíacas, anemia, infecciones intercurrentes como la gripe y/o bacterianas e hipertiroidismo entre las más frecuentes.

Para prevenir la insuficiencia cardíaca tiene dos aspectos. Uno, prevenir la enfermedad que puede predisponer a su aparición como es la prevención primaria de la enfermedad coronaria a través del buen control de los conocidos factores de riesgo como la hipertensión, diabetes, obesidad, sedentarismo, y tabaquismo y dos prevenir la aparición de disfunción ventricular izquierda mediante la repercusión precoz en el infarto agudo de miocardio, o el buen control de la hipertensión.

En pacientes con insuficiencia cardíaca crónica es importante prevenir episodios de descompensación, mediante la disminución de la ingesta de sal, la optimización del tratamiento farmacológico ajustando dosis de diuréticos según el peso corporal, o de otros fármacos como los betabloqueantes, para lograr una frecuencia cardíaca óptima según la evidencia científica.

En tratamiento de la insuficiencia cardíaca debe perseguir dos objetivos fundamentales. El primero mejorar los síntomas del paciente, derivados de la retención de líquidos y aumento de la presión venosa pulmonar como es la disnea y edemas, y el segundo aumentar la supervivencia.

Por último, los pacientes que persisten con insuficiencia cardíaca avanzada a pesar del tratamiento óptimo ya mencionado deben ser incluidos en un programa de trasplante cardíaco. Los dispositivos de asistencia ventricular (corazón artificial) están siendo utilizados en pacientes graves como puente al trasplante.

Al final la recomendación es visitar a su cardiólogo o en su defecto visitar nuestro sitio web para encontrar el especialista que mejor se adapte a sus necesidades.