El desarrollo alcanzado en esta área de las ciencias médicas determinó que la Argentina fuera elegida como sede del Congreso Mundial de Cardiología 2008. Conozca algunos de los avances científicos que ya están disponibles.

Varios de los más importantes avances en cirugía cardiovascular del último siglo fueron concretados por científicos argentinos. Estos y otros adelantos locales en el tratamiento de enfermedades del corazón determinaron que la World Heart Federation eligiera al país como sede del congreso mundial que se realizará el año próximo en la ciudad de Buenos Aires.

Fue el doctor René Favaloro el primer argentino que revolucionó la cardiología mundial en 1967 cuando realizó por primera vez un bypass coronario en la Clínica Cleveland de Ohio, Estados Unidos.

Cuarenta años más tarde, el desvío coronario sigue siendo hoy un procedimiento ampliamente utilizado y seguro, por lo que el legado del doctor Favaloro sigue salvando vidas.

Otro invento de alcance mundial creado por un argentino es el conocido stent. En 1985, el doctor Julio Palmaz, nacido en La Plata y residente en los Estados Unidos, patentó el “stent expandible”, una malla de acero inoxidable que se infla dentro de una arteria enferma con la ayuda de un globo. Luego se retira el globo y el stent queda implantado en el paciente para sostener las paredes arteriales y así evitar futuras obstrucciones.

Este invento se utiliza hoy en todo el mundo en más de dos millones de intervenciones por año.

En el mismo año en que el doctor Palmaz inventó el stent en los Estados Unidos, otro cardiólogo argentino el doctor Juan Carlos Chachques realizó una novedosa intervención en un hospital de París.

Este procedimiento, efectuado en enero de 1985 por el doctor Chachques y su equipo, comenzó con la extirpación de un tumor de las paredes del corazón a una paciente francesa. Luego, formaron un “echarpe cardíaco” envolviendo el debilitado corazón con parte del músculo dorsal, de la zona superior de la espalda. Así, la contracción del músculo mediante un marcapasos ayudó al corazón a latir hasta que la paciente estuvo en condiciones de enfrentar una intervención más definitiva.

Pero hay muchos otros avances argentinos que abren esperanzas para millones de pacientes cardíacos en todo el mundo.

Células madre

Hasta hace poco tiempo se creía que únicamente las células del corazón de un bebé menor de cuatro meses tenían capacidad de regenerarse. Luego, el corazón perdía esa capacidad que otros órganos, como el hígado, conservan toda la vida.

Por eso, cuando muere tejido cardíaco de un adulto, por ejemplo durante un infarto, el corazón ya no puede volver a generar el tejido muerto, con la consiguiente debilitación de todo el órgano.

Pero en los últimos años se ha descubierto que existen células madre de otras partes del cuerpo (por caso, médula ósea o músculo liso) que pueden reemplazar a las células cardíacas muertas.

Esto mejora enormemente el pronóstico de pacientes coronarios, entre ellos muchos de los enfermos de Chagas-Mazza que en la Argentina suman tres millones de personas.

En el Hospital Presidente Perón, de la ciudad de Avellaneda, Buenos Aires, el cardiocirujano Jorge Trainini comenzó a fines de 2001 una investigación consistente en la implantación de células madre de otras partes del cuerpo directamente al corazón de 68 pacientes cardíacos, entre ellos cinco chagásicos.

Los pacientes solo tuvieron una sencilla extracción de sangre mediante una punción en la cresta ilíaca, para lo cual se les aplicó anestesia local.

La muestra extraída fue cultivada durante cuatro horas en el laboratorio para separar las células madre que tienen capacidad de producir nuevos vasos sanguíneos.

Cuatro horas más tarde, mediante un catéter que se insertó por la ingle en la arteria femoral, se reimplantó la muestra directamente en la parte afectada del corazón en una intervención sencilla que requirió solo 45 minutos.

Casi dos años después, la evolución de todos los pacientes fue altamente satisfactoria. Y en el caso de los pacientes chagásicos, los resultados fueron elocuentes. Salvo un paciente, que falleció por causas ajenas al trasplante, las otras cuatro personas recuperaron la funcionalidad normal de sus corazones y ninguna de ellas sufrió efectos adversos.

“Aún hay cuestiones éticas, técnicas y clínicas por aclarar —explicó Trainini—. No sabemos, por ejemplo, cuál es el mejor tipo de célula para cada caso, o cuál es la vía de implantación ideal. Por eso hemos sido prudentes en la selección de pacientes, y sólo escogimos aquellos que tenían pocas alternativas de tratamiento”.

Estas cuestiones demorarán un tiempo la generalización de los trasplantes celulares, pero sin dudas se abren nuevas posibilidades en particular para los enfermos de Chagas, un mal endémico del continente americano.

El trabajo de Trainini será publicado próximamente en la Revista Argentina de Cirugía Cardiovascular.

Prótesis arterial

En septiembre de 1990, el cardiocirujano Juan Carlos Parodi (que había realizado su residencia en los Estados Unidos, en la misma clínica donde el doctor Favaloro realizó su primer bypass), operó a un paciente con un aneurisma de aorta abdominal (una dilatación permanente y anormal de la principal arteria), utilizando un método que nadie había empleado hasta entonces.

Con una mínima incisión en la ingle, avanzó en contracorriente hacia la aorta dilatada, y curó la arteria colocando una prótesis de poliéster en la luz aórtica. De este modo, ofreció una alternativa a la cirugía tradicional.


La Organización Mundial de la Salud recomienda la aplicación de vacuna antigripal en los pacientes con problemas cardíacos.


Como el aneurisma de aorta abdominal afecta al 6 por ciento de los mayores de 60 años, está frecuentemente asociado con otros males de envergadura y suele ser fatal. El invento de Parodi permite entonces reducir la morbilidad y mortalidad, especialmente en ancianos, enfermos con insuficiencia respiratoria grave, y pacientes ya sometidos a múltiples operaciones.

Nuevo stent

El 30 por ciento de los pacientes que requiere angioplastía con el stent inventado por el doctor Palmaz, tiene lesiones en la bifurcación de las coronarias, lo cual no se soluciona con la inserción de un stent normal con forma de tubo alargado.

Por eso, mientras la tasa de recaída luego de la colocación de un stent oscilaba entre el 20 y 30 por ciento, en el caso de lesiones de bifurcación trepaba hasta el 50 por ciento.

Pero un grupo del Servicio de Hemodinamia del Hospital Italiano de Buenos Aires, liderado por la doctora Liliana Grinfeld, está trabajando desde 2003 en el desarrollo de un stent para solucionar precisamente las lesiones de bifurcación.

“El stent que estamos diseñando, al que bautizamos Ostium, apunta al tratamiento de la rama secundaria de una bifurcación. Ya realizamos numerosas experiencias en las que hemos colocado tubos de silicona con forma de Y, y observamos resultados muy satisfactorios”, afirma el doctor Marcelo Halac, uno de los investigadores.

Vacuna antigripal

El doctor Enrique Gurfinkel, junto a otros investigadores de la Fundación Favaloro, de Buenos Aires, observó que en América del Sur la semana 28 (alrededor de mediados de julio) es históricamente la que registra mayor número de pacientes afectados por la gripe, y coincidentemente también la de mayor tasa de infartos cardíacos y cerebrales.

“Luego de varias investigaciones observamos que en el infarto, como en la gripe, había un componente inmunológico, una suerte de reacción indeseable del cuerpo contra sí mismo”, explica Gurfinkel.

“Y debido a su semejanza el cuerpo parece ‘confundir’ ciertas estructuras biológicas del corazón y el cerebro, con las de algunos virus y bacterias. Así, la respuesta defensiva del cuerpo ante la detección de un germen complica los propios tejidos de los vasos, predisponiendo al desarrollo de la enfermedad coronaria”, comenta Gurfinkel.

Fue por esto que entre 2001 y 2004, el grupo de científicos decidió investigar los efectos de la vacuna contra la gripe en pacientes cardiológicos.

En una muestra de 301 pacientes internados, la mitad de ellos fueron vacunados contra la gripe. “Un año más tarde, los resultados fueron sorprendentes —dice Gurfinkel—. La mortalidad se redujo en un 50 por ciento en el grupo vacunado. Al comenzar ese segundo año, mientras los pacientes continuaban con sus tratamientos cardíacos normales, se invirtió la prueba, los que habían sido vacunados esta vez no recibieron la vacuna y viceversa. Un año más tarde, nuevamente el grupo de los que fueron vacunados mostró una significativa caída de la mortalidad”. Estos resultados fueron presentados en las influyentes revistas Circulation, en 2002, y European Heart Journal, 2004.

Desde entonces, la Organización Mundial de la Salud se basó en este trabajo para aconsejar que todo paciente cardiópata se vacune contra la gripe.

“La vacunación antigripal es una medida simple, cuesta entre 20 y 40 pesos, se da en forma anual y raramente tiene efectos indeseables, lo que la convierte en una tremenda oportunidad para reducir el riesgo cardíaco”, se entusiasma Gurfinkel.